¿Pragmatismo estadounidense en Vaca Muerta?

by • 16 enero, 2017 • Argentina, SliderComments (0)

Casi por definición, toda transición implica incomodidad, un salto hacia un nuevo equilibrio. En el caso de Vaca Muerta, los tiempos y costos de una transición necesaria estarán asociados al esfuerzo y sacrificio de los actores involucrados. Aceptarnos como una parte más de un sistema complejo no solo acotará los tiempos y costos, sino que le dará las dotes de estabilidad al equilibrio alcanzado. Es por eso que desde hace unos meses venimos pidiendo a los responsables del desarrollo de los hidrocarburos no convencionales reclamos prudentes y estrategias asertivas.

Todas aquellas sugerencias iniciales fueron motivadas para lograr dar respuestas a un cambio de reglas ante un nuevo escenario internacional mucho más complejo. Ahora, vemos como, mediante una política de consensos, cerramos el 2016 con las operadoras mejorando en más del 20% sus costos operativos, con debates en políticas de rebajas en regalías por parte de las provincias, y regímenes impositivos diferenciales para algunos proyectos, con eficiencia y productividad en los convenios colectivos de trabajo y renegociaciones a la baja de contratos de petroleras con grandes empresas de servicios. Y finalmente, con los consumidores, especialmente los residenciales, que deben hacer un esfuerzo para pagar el verdadero valor de la energía.

Es solo un halo de luz en un camino a transitar, pero que nos permite ser auspicioso en cuanto al futuro hidrocarburífero y energético argentino. Y las señales en 2016 así lo manifiestan. Porque si bien solo el 1% de los pozos perforados este año cuenta con niveles de productividad semejantes a los de EEUU, y en particular a los de la formación de Marcellus, la más importante de gas no convencional en Norteamérica, eso representa una mejora del 100% de lo observado en 2015. Estimamos para el próximo año que más del 5% de los pozos tendrán productividades semejantes a las de EEUU. Y aunque cayó la cantidad de pozos perforados a reservorios no convencionales — en 2015 se perforaban 28 pozos por mes, mientras que a noviembre del 2016 se perforaron 23 pozos por mes-, se logró una mejora sustantiva en productividad de la mano de más pozos horizontales: en 2015 los pozos horizontales representaban poco más de uno de cada diez pozos, y a noviembre de 2016 representan casi cuatro de cada diez pozos.

Si miramos exclusivamente el mercado de gas natural vemos que la producción de gas natural no convencional creció en 7,3 MMm3/d (millones de metros cúbicos por día) en 2016 respecto a 2015, que pese a la baja en producción de gas convencional en -2 MMm3/d por día el 2016, se presenta como el año de mayor incremento en producción total de los últimos 13 años.

Además, cerramos el año 2016 con el 23% de la producción de gas natural con gas no convencional, con una demanda de 2,9MMm3/d, que crece menos que la producción local, con menores importaciones de gas natural (-2%), en particular de GNL (-9%), y una mirada al futuro prometedora mediante políticas presentes en el uso eficiente de la energía y la penetración de las energías renovables en la matriz energética argentina, pero con el gas natural como el puntal de todo el sistema energético argentino.

En Estados Unidos, el acuerdo de la OPEP de recortar su producción de petróleo potencia la sensación de victoria. Los productores estadounidenses en gas y petróleo han recaudado en los últimos dos años más de US$50.000 millones a través de ofertas secundarias en el mercado bursátil durante los últimos dos años, habiendo persuadido a los inversores de que podrían adaptarse más rápido que la OPEP al entorno de precios bajos. Hoy el shale estadounidense está despegando, está ganando. Aunque una mayor producción de petróleo norteamericano suma incertezas a la cotización futura del petróleo, un posible aumento del precio del crudo por encima de los US$60 por barril se mantiene como el escenario más probable. Su impacto en el mercado argentino llevará a un alza en el precio import parity de gas, futuro precio articulador en el mercado interno. Por ejemplo, el valor del gas de Bolivia entre 5 y 6 dólares por MMBTU (millones de British Thermal Unit). No se percibirá su impacto inmediato como incentivo-precio en el desarrollo del gas en Vaca Muerta por las políticas de transición adoptadas, pero sí como incentivo al orden y previsibilidad que el desarrollo de Vaca Muerta demanda.

Unas semanas atrás el secretario de Energía de Estados Unidos, Ernest Moniz, dijo que el shale oil de EEUU ya es rentable a “poco más de 50 dólares por barril”, augurando una mejora adicional para el 2017 como resultado de avances tecnológicos y nuevas técnicas de perforación. Una postal del actual mercado petrolero que premia la flexibilidad y el dinamismo en un orden global lo suficientemente complejo.

Cambio profundo

Cabe destacar que nuestra transición no se limita a un cambio en los precios de las commodities, sino al abandono de la discrecionalidad como principal engranaje de nuestro sistema energético y con el precio como eje catalizador de las señales de consumo e inversión. Pero debemos imitar el pragmatismo nortamericano para lidiar en un marco que ya no es el de US$100 por barril, ni el del gas importado de US$12 por MMBTU. Estos precios fueron los que le permitieron a EEUU hacer importantes inversiones con altos costos iniciales para el desarrollo del shale y que los llevó al autoabastecimiento de gas natural, proyectando ser un exportador neto para el 2017; a superar su déficit de líquidos del gas natural, tanto de propano como de butano, pasando a ser su mayor exportador en del mundo; a promover inversiones en plantas petroquímicas; a desplazar al carbón en la generación eléctrica, y hoy, por ejemplo, a hacer del gas natural vehicular la alternativa limpia que suple a las naftas por las calles de Boston, algo inimaginable hace 7 años.

Podemos concluir, entonces, un inicio auspicioso hacia una convergencia en la necesidad de aunar esfuerzos para lograr el desarrollo de los no convencionales. Seguramente no se crezca al ritmo que lo hizo EEUU en su “Revolución del Shale”, pero con expectativas moderadas, los resultados se verán en el mediano plazo. De eso se trata, de actuar en el corto para ver resultados en el mediano plazo. De una transición que nos aleja de beneficios exagerados de las partes involucradas hacia eficiencias en haras de un objetivo común, el desarrollo del no convencional en Argentina, será así como ganaremos todos.

Por Roberto Carnicer y Luciano Codeseira

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