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El mundo en un derroche de petróleo mediante subsidios

by • 28 noviembre, 2016 • Mundo, Slider, Slider 2Comments (0)

Los conductores pagan aproximadamente el equivalente a 10 centavos de dólar por litro de gasolina regular, y eso es después que el gobierno elevó ligeramente los precios en un ajuste menor de un enorme subsidio popular, el cual está ayudando a apuntalar al tambaleante gobierno políticamente, mientras ayuda a arruinarlo económicamente. Con poco incentivo para conservar el combustible y entre más conducen, los venezolanos liberan más gases de invernadero a la atmósfera, lo cual contribuye al cambio climático.


Venezuela difícilmente es el único país en desarrollo en derrochar el petróleo y el gas natural con subsidios al consumo. En muchas naciones, los combustibles para el transporte son tan baratos como los refrescos. Las tarifas de electricidad tienen tantos descuentos en los Estados del Golfo Pérsico que algunos residentes no se molestan en apagar sus aparatos de aire acondicionado cuando salen de vacaciones. Según algunas estimaciones, los subsidios al consumo quizá sean responsables de más del 10% de las emisiones mundiales totales de bióxido de carbono, el principal gas de invernadero. También contribuyen a los embotellamientos de tráfico y la contaminación del aire en ciudades en todo el mundo en desarrollo.

Cuando los precios del petróleo cayeron a fines de 2014, los ambientalistas y economistas en el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional instaron a los gobiernos a abandonar las políticas que congelan las tarifas de energía a niveles artificialmente bajos.

Pero muchos gobiernos no hicieron cambios o fracasaron en cumplir sus anunciadas políticas, pese a hacer amplios compromisos para reducir las emisiones de carbono en la cumbre climática de diciembre en París.

La Suprema Corte de Argentina asestó recientemente una gran derrota política al nuevo líder del país, el presidente Mauricio Macri, al revertir un aumento al precio del gas para los usuarios residenciales, una iniciativa política esencial de Macri para mejorar la economía. Los subsidios a la energía representan más de la mitad del déficit fiscal del gobierno argentino.

El avance en reducir los subsidios al consumo ha sido especialmente desigual en países que congelaron los precios locales cuando los precios mundiales se desplomaron, solo para no ocuparse de elevarlos localmente cuando los precios mundiales subieron de nuevo.

Este año, por ejemplo, los precios del petróleo casi se duplicaron en ocasiones respecto de sus bajos niveles de febrero. Pero Bolivia y Argelia continuaron con los precios de la energía congelados a los niveles bajos. En Indonesia, que ha prometido ajustar los precios de la gasolina y el diesel mensualmente para cumplir con los cambios del mercado, las modificaciones en los precios han sido pocas y esporádicas, y algunos subsidios alguna vez recortados han resurgido.

Los subsidios al consumo son solo uno de muchos subsidios a la energía. Por ejemplo, Estados Unidos, como la mayoría de los países desarrollados, no subsidia el consumo de energía, pero ofrece exenciones fiscales a las empresas de combustibles fósiles y energías renovables. La gasolina es moderadamente costosa en Estados Unidos, en relación con países con impuestos al combustible más altos. Y los ambientalistas y algunos economistas dicen que debería aplicarse un impuesto al carbono para reducir las emisiones y tomar en cuenta en el precio los costos sociales de la contaminación, el congestionamiento y el daño a la salud pública.

El argumento contra los subsidios parece obvio para la mayoría de los economistas convencionales. En todo el mundo, esos subsidios costaron a los gobiernos y las compañías petroleras estatales hasta 500,000 millones de dólares anualmente en los últimos años, según la Agencia Internacional de Energía. Economistas dicen que la enorme mayoría de los beneficios de los subsidios van a los ricos, no a los pobres, porque son los ricos quienes conducen más y usan más electricidad. El consumo derrochador de todos los combustibles fósiles, incluido el más sucio, el carbón, carga a los gobiernos con gasto adicional que de otro modo pudiera destinarse a programas sociales.

Lea nota completa en New York Times

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