fracaso

Made in Argentina

by • 3 septiembre, 2016 • LCComments (0)

En 1850, Samuel M. Kier, dueño de una salitrera en Pennsylvania oeste, desarrolló un método para destilar el petróleo crudo para producir un producto que llamaba “petróleo de carbón.” El nuevo producto no emitía el humo oscuro y poderoso olor al quemarse, y comenzó a remplazar al aceite de ballena como fuente de iluminación. Por ese entonces un tal Edwin Drake, un conductor de trenes desempleado, se muda a Titusville, Pennsylvania, en 1858 para encontrar una forma de extraer petróleo, a metros de la actual meca del shale gas de Estados Unidos: Marcellus.

Drake estaba decidido a intentar taladrar para encontrar petróleo del mismo modo que lo hicieron los taladradores de las salitreras, que habían encontrado petróleo por error anteriormente, pero consideraron que la sustancia era inútil y la eliminaron. No era fácil, su mayor escollo consistía en lidiar contra el agua y la tierra que recurrentemente obstaculizaban el pozo. Lo logró incrustando una gran tubería en la tierra e insertando el taladro por esa tubería, algo que hoy resulta natural en la industria. Un año después, el 27 de agosto de 1859, cuando el taladro llegaba a los 21 mts bajo tierra, la historia oficial lo estaría convirtiendo en el primer hombre en dar con un intencional hallazgo petrolero.

Drake, devenido en “coronel” para enaltecer su reputación, y así conseguir socios, se constituyó en el arquetipo del señor petrolero, imagen que acompañaría el frenesí en su propagación, que no encontraría límites ni hacia el sur, ni hacia el este, a pesar de la Guerra Civil. La fiebre del petróleo había comenzado.

A 8000 km al sur, en la provincia de Jujuy, en esos años, para ser mas preciso en 1865, un tal Leonardo Villa realizaba una exploración para también intentar dar con petróleo. Un guiño de nuestra historia quizás, pero lo cierto es que no existe ascendencia alguna con Daniel Villa, un multiempresario devenido en protagonista de la nueva burocracia petrolera argentina, hasta ahora poco exitosa. Leonardo Villa formó la Compañía Jujeña de Kerosén S.A., primer empresa y primer empresario en intentar  encontrar petróleo para su comercialización. Empero,  la historia no le jugaría la misma suerte que a Drake: para poder realizar la exploración, Villa tenía que pedir autorización a las autoridades jujeñas y después al Poder Legislativo nacional y un mar de instancias obstaculizadoras. Ergo, la burocracia le puso un freno al entusiasmo de un posible pionero petrolero Argentino. Acaso Daniel Villa estuvo o está haciendo justicia, por lo menos evitando los tiempos burocráticos que debió sufrir su posible antecesor.

De golpe la historia se precipitó en la actividad petrolera, o mejor dicho, el petróleo se precipitó en la Historia. Las décadas que siguieron marcaron el devenir del petróleo como protagonista del desarrollo y del poder mundial.

En la etapa naciente del petróleo la presencia del apetito de Rockefeller, el nacimiento de la Ford y la Sherman Act  marcaron un vértice en el ascendente poder de Estados Unidos. A la sazón, en el viejo mundo la Royal Dutch, que ya sumaba algunos descubrimientos fuera de Europa, se fusionaba con una empresa naviera creándose Royal Dutch Shell. También eran los años en que otra compañía, la Anglo Persian Oil company (luego BP), anunciaba un hallazgo petrolero en Persia que décadas mas tarde cambiaría el mapa petrolero.

En definitiva, eran los albores de una nueva era, una nueva carrera. Buenos Aires iba a recibir la grata sorpresa del pozo número 2 de Comodoro Rivadavia. Así, sin proponérselo nace nuestra historia petrolera. Desde hace unos años debatida y embebida en un proceso revisionista busca revalorizar a los hechos y sus protagonistas. Lo cierto es que este hecho trajo aparejado dos grandes interrogantes: De quién debía se el petróleo y Quién debía explotarlo.

Van más de 100 años de este hecho, para ser más preciso pronto se van a cumplir 109 años. A continuación, conforme los cambios políticos, económicos y sociales, voy a fragmentar este plazo en ocho etapas, en lo que sería un repaso apurado, impresiso e imcompleto de nuestra historia y presente petrolero; y un solo motivo.

De 1907 a 1922

Fueron los primeros años del petróleo en Argentina, años tranquilos, que no sirvieron para que la Industria encontrara un rumbo definido, los asuntos petroleros eran todavía competencia del Ministerio de Agricultura y los siguió siendo por mucho tiempo. El petróleo era sólo un bien escaso, esperando que la primer guerra Mundial pusiera de manifiesto su rol estratégico. Cuando en 1918 terminó la Primera Guerra Mundial, se inició un período expansivo para la naciente industria petrolera argentina. La paz permitió normalizar las relaciones comerciales y financieras internacionales; así se pudo lograr mayor disponibilidad de materiales, equipos, fletes y capitales.

Aflora así un germen de nacionalismo petrolero a ultranza, que en el próximo período con Mosconi, con Silveyra y con YPF cobrarán su máximo esplendor. Este nacionalismo iba a contrapelo de la legislación vigente: “El Estado no puede explotar ni disponer de minas” (Código de Minería, 1886). Ergo, se empieza a debatir el Proyecto de Ley de Petróleo.

La etapa culmina con una producción de petróleo en el orden de los 450 miles de m3, mientras que la importación superaba el millón de m3. Se importaba el doble de lo que se producía.

De 1922 a 1958

Se crea YPF con el General Mosconi como primer Director, la ideología nacionalista se confirma y sostiene, incluso tiene influencia sobre los dirigentes conservadores del próximo período, supuestamente opuestos a ese nacionalismo y a los monopolios estatales.

Es la época de oro de YPF. La industria petrolera crece, Argentina se destaca entre las Naciones latinoamericanas. Se inaugura la Refinería La Plata en 1925, una de las diez mayores refinerías de mundo.

Argentina contaba con un parque automotor que demandaba 2/3 del total consumido en Sudamérica. En estos años, YPF llegó a tener 50.000 empleados, convirtiéndola en la empresa más grande en materia de petróleo.

Nace la Ley del Petróleo 12.161 de 1935, agregada al código de minería marca el fin del otorgamiento de concesiones a la actividad privada, y el nacionalismo se impone en el sector.  

Esta etapa culmina caracterizada por la formación de la industria petrolera Argentina. Ya funcionaban la mayoría de las refinerías hoy vigentes, se extraía crudo de cuatro de las actuales cuencas productivas, la extensión de ductos estaba entre los mayores del mundo. Pero el aumento de la producción del orden del 7% promedio anual servía solo para abastecer sólo el 38% de los 12 millones de m3 requeridos por el aparato refinador.

Esta realidad hace que a pocos años de la Reforma de la Constitución Nacional y la Nacionalización del Petróleo, el presidente Perón rompa sus propias reglas enviando al congreso un contrato con la Standard Oil de California para mitigar un déficit energético difícil de sostener. Tiempos de cambio se precipitaban.

De 1959 al 1967

Se inicia en el auxilio a la actividad privada, en sólo cuatro años, de 1959 a 1963 se duplica la producción de petróleo. El mayor impulso se da en la cuenca del Golfo San Jorge, dónde se “triplica” la producción. Los contratos de Frondizi responden a un nacionalismo práctico, de fines, que deja de lado el principio de ultranza del Partido Radical y da buenos resultados para el país y para la industria.

Se habían comprado 36 equipos perforadores de pozos petroleros, la mayor adquisición en su historia. En 1960 se llegó a tener más de cien equipos trabajando, el doble de lo que solía tener YPF, y más equipos de los que hay en la actualidad.  

Incluso frente a una demanda creciente de petróleo, en 1963 los niveles de importación se redujeron al 17% del total. La Argentina iba camino al anhelado autoabastecimiento.

La asunción de Illia en 1963 y la anulación de los contratos de Exploración, Desarrollo y Explotación de YPF, genera un gran impacto en la industria, en particular en las actividades desarrolladas en la cuenca del Golfo San Jorge.  En definitiva, luego de la experiencia de Frondizi y como un síntoma de nuestra recursividad de nuestros sostenes fundamentales, un grupo más moderno, apolítico, procede a poner cierto orden en YPF y en Gas del Estado y a dar un paso adelante con la Ley de Hidrocarburos 17.319, una ley que da un avance más en la articulación entre privados y estado que lleva casi 50 años esencia inalterada. Se recogen enseñanzas del pasado y se lo sostiene con un Ley: es posible, incluso conveniente a veces, producir petróleo por terceros.

De 1967 a 1971

Los años siguientes al nuevo marco legislativo y a las primeras rondas de Concesiones y Contratos de YPF, se crea un ambiente propicio a la inversión privada. Es en la cuenca Neuquina dónde se intensifican los esfuerzos al punto de acercarse a los niveles de extracción de la otrora pujante cuenca del Golfo San Jorge.

Al final de esta etapa la cuenca Cuyana logra su pico histórico de más 7 millones de m3, son los años en que las tres cuencas mas activas de entonces se repartían cada una el 30% del total de producción Argentina, nunca más se volvió a ver algo semejante.

De 1971 a 1989

La década del ´70 y ´80 dejaron huellas marcadas en la industria, especialmente en YPF que comenzó un proceso de deterioro en parte producto de una reinterpretación del rol de estado e la economía, caracterizada por una creciente necesidad de mitigar desequilibrios macroeconómicos, de desequilibrios políticos, instituciones débiles, útiles al desarrollo de una nueva burocracia petrolera.

A partir de 1976 se agrega el régimen de la Ley de Contratos de Riesgo, contratos que han de surgir de YPF y ésta puede licitar. Se emiten las más de 20 licitaciones de áreas y yacimientos, muchas dirigidas a Empresas argentinas, las que pueden así crearse y desarrollarse.

A la sazón, se descubre Loma la Lata, el gas barato cobra gran protagonismo y la industria se vuelca a este abundante recurso. No obstante, las condiciones prevalentes desestimulaban los intentos por mejorar la productividad de la industria que comienza a observar el agotamiento de las reservas hidrocarburíferas, nace así el Plan Houston de Alfonsín. Entre 1985 y 1990 se concursaron 165 áreas, adjudicándose 77 y firmándose 61 contratos. La producción de crudo por parte de los contratistas creció el 13% entre 1987 y 1989.

No obstante, los números en general no fueron positivos: en el año 1988 se produjeron 26.1 millones de m3 de petróleo, el 9,5% menos que en 1981. Las refinerías procesaron 24.9 millones de m3, el 18% menos que en 1981. Las ventas en el mercado interno de naftas cayeron un 22%, mientras que las de gasóleo crecieron un 7%. La petrolera estatal YPF, no podía dejar de depender de los fondos del tesoro que el Estado le proporcionaba, lo que incrementaba las probabilidades de su privatización.

De 1989 a 2006

La desregulación y privatización de YPF, como imagen invertida en un espejo de las nacionalizaciones de los años 40, da muestras del agotamiento de una etapa y un final anunciado. Representaba por entonces 42% de la producción de petróleo, 64% de la producción de gas, 52% de la capacidad de refino y el 54% de total de las estaciones de servicio del país.

La gestión estatal, entendida como un oxímoron, cedió lugar al mercado. Un mercado que conoce los tiempos de sostenimientos de las políticas, que responde a otros tiempos, comienza a enfocarse en el  desarrollo de campos descubiertos décadas atrás, se manifiesta así una caída tan pronunciada como su ascenso con pico en 1998. Las dudas al proceso privatizatorio se resuelven profundizando la política encarada.

Fue necesario desenlace económico de principios del nuevo siglo para que se incitara a una revisión de la ideología hidrocarburífera imperante en los 90, dando por tierra con una etapa que en su fase crecimiento acelerado mantuvo una tasa anual del 7%, pero en la debacle dejó caída anual de 3%.

De 2006 a 2011

El azuzado desequilibrio en el sector energético, funcional a un equilibrio de variables macroeconómicas, propició un clima de malestar que se observa en la profundización de la caída en la actividad.

Ni la ley corta, ni las rondas licitatorias, ni el avance de una burocracia cercana al gobierno en el manejo de YPF, ni los altos precios internacionales del crudo, ni el crecimiento económico evidenciado, pudieron, ya sea a favor o en contra, alterar el 3% de caída anual de la última etapa de los noventa.

De 2012 en adelante

El  recupero del control de YPF da inicio a esta nueva etapa y una nueva empresa tal como Mosconi había pensado en 1922. En un avance por enterrar ideas que sentaban las bases de políticas del pasado cercano, el Estado debía convertirse en un motor al desarrollo, quitarse las ropas de bobo obstaculizador al desarrollo.

El mayor protagonismo del Estado en la industria petrolera debería marcar un cambio de rumbo, a imagen y semejanza de las primeras etapas de la historia petrolera. La industria petrolera, se esperaba de YPF un rol de liderazgo, no una mera herramienta funcional a la política de turno, capaz de formar grupos técnicos y  proveedores nacionales, de estar a la altura de los desafíos que deberá encarar el país en el desarrollo de reservorios no convencionales, de yacimientos maduros y de áreas no productivas esperando ser descubiertas.

Con varios logros a su favor, aunque no exentos de costos políticos, el entusiasmo de la nueva YPF choca con las restricciones de la macroeconomía argentina, primero, y con un inesperado entorno de precios bajos, después.  

La segunda parte de esta última etapa se inicia con una YPF con nuevos estándares y gobierno alineado al mercado y precios artificialmente altos, que ajenos a los trazadores globales dan cuenta de las urgencias por establecer equilibrios internos entre nación, provincias, sindicatos y empresas, un equilibrio lo suficientemente inestable para esmerilar y posponer las razones económicas.  No obstante, como los precios artificiales, en el marco de escaza previsibilidad, no movilizan inversiones de largo plazo: dan inicio a profundizar juegos de roles y un giro al gas natural. En definitiva se observa una baja sostenida en la producción petrolera, donde el mercado se encuentra sobreabastecido y la posibilidad latente y presente de traer barriles de Bonny light desde la mesa de saldos de Nigeria desde el boom de los no convencionales en EEUU.

Así como una historia recursiva, los ciclos petroleros argentinos se repiten en la imposibilidad de un largo plazo para los gobiernos argentinos, como el Teorema de la Imposibilidad en física teórica, donde cierta idea no es posible o cierta entidad matemática no puede ser definida sin llegar a contradicción, por lo cual resulta fundamental precisar lo mejor posible las condiciones bajo las cuales se da dicha imposibilidad, porque marcan los límites de las teorías físicamente realistas. Las contradicciones argentinas como base de nuestra propia teoría de la imposibilidad.

Por Luciano Codeseira

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