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La industria eólica española aguarda un cambio de vientos políticos

by • 20 julio, 2016 • EERR, Mundo, SliderComments (0)

Jorge Bueno dejó a los 14 años Maranchón, un municipio de Guadalajara de poco más de 200 habitantes, con el afán de labrarse un futuro más prometedor que el que le ofrecía la agricultura del cereal.

En Madrid estudió electrónica y después trabajó como técnico de informática, pero unos años más tarde volvió a las frías y ventosas llanuras de las Parameras de Molina donde había crecido. En aquella época se decía que a un pueblo le tocaba la “lotería eólica” cuando alguna compañía eléctrica decidía instalar molinos de viento aprovechando las condiciones especiales de un determinado enclave. Automáticamente, los ayuntamientos de esos municipios empezaban a engrosar sus arcas cobrando impuestos por el uso de los terrenos donde se construían los parques eólicos, a la vez que se creaba un empleo muy necesario para los habitantes.

Eso fue justo lo que le ocurrió a Maranchón en 2006, cuando Iberdrola SA inauguró allí un parque, por entonces el más grande de Europa. La actividad de la comarca, que cuenta con menor densidad de población incluso que la de Laponia o Siberia, pronto lo notó. Jóvenes que se habían ido del lugar y otros que vivían en pueblos de los alrededores fueron contratados, y Maranchón empezó a cambiar de cara gracias a las mejoras en la infraestructura y en los servicios sociales que se sufragaron con un incremento del presupuesto del Consistorio.

“Hoy la escuela está abierta. Antes [de la construcción del parque eólico] estuvo a punto de cerrar porque tenía 8 niños. Ahora hay 19”, comenta Bueno. “Las calles eran de cemento, llenas de baches, y no llegaba casi el agua por falta de presión. Ahora todas las calles del pueblo están nuevas, con adoquines”, continúa.

Anualmente, el Ayuntamiento de la localidad recauda ingresos fiscales de 800.000 euros por distintos gravámenes relacionados con el parque, según informó el alcalde, José Luis Sastre, en un correo electrónico. En apenas una década, Maranchón se ha convertido en un pueblo señorial, con casas de piedra, algunas de cuatro plantas, y sus vecinos pueden disfrutar de hasta tres restaurantes, un número insólito para una localidad tan pequeña.

En la actualidad, en las instalaciones del parque trabajan unas 50 personas, entre ellas Bueno, que es el encargado de este complejo de 104 turbinas fabricadas por Gamesa Corporación Tecnológica SA, con una potencia de 208 megavatios y con capacidad para generar la electricidad que consume una ciudad como Valencia en un año.

Este es solo un ejemplo de la reactivación económica del mundo rural español propiciada por la presencia de las energías renovables en su entorno. Según la Asociación Empresarial Eólica, AEE, cerca de 800 municipios en España se reparten 1.200 parques eólicos y una porción de esos pueblos habría desaparecido sin estas instalaciones en sus tierras.

“La eólica está salvando los presupuestos municipales, está aportando trabajo y dinero, está haciendo que se muevan los servicios, que se abran bares y hoteles”, apuntó recientemente en un congreso sobre energía eólica Luis Polo, director general de la AEE.

Sin embargo, tras un desarrollo fulgurante durante la pasada década, apenas se han instalado 1.932 megavatios eólicos en España desde la moratoria impuesta a la energía verde por el gobierno español en enero de 2012, cuando se restringieron los incentivos del sector con el objetivo de reducir el déficit de tarifa --el desfase entre ingresos y costos del sistema--. De hecho, en 2015 no se instaló ni un solo megavatio eólico.

Excedente de generación

En España hay un total de 100 gigavatios de potencia instalada, de los cuales 23 GW son de energía eólica. La demanda máxima se sitúa en 40 GW algunos días y la mínima en 18 GW, por lo que se crea un excedente de generación.

A esto también ha contribuido la caída de la demanda de electricidad a partir de 2007 como consecuencia de la crisis y el que se haya invertido en sistemas de control de eficiencia energética, explica Gustavo Moreno, director del Centro de Control de Energías Renovables de Iberdrola en Toledo.

En dicho centro, un referente a nivel internacional por su experiencia en la gestión del rendimiento de los parques eólicos, 18 operadores se dedican durante las 24 horas del día a que los aerogeneradores estén disponibles prácticamente el 100% del tiempo, avisando a los técnicos cuando una máquina se detiene por una avería o porque el viento esté intermintente y ponga en riesgo la seguridad en el molino. Sus pantallas muestran dos millones de señales en tiempo real procedentes de instalaciones de toda España y de otros siete países donde Iberdrola está presente, por lo cual la reacción es inmediata.

“España es más eficiente por ese trabajo que Alemania”, que produce menos energía eólica pese a tener más potencia instalada y mucho más viento, apunta Moreno.

La solución para canalizar el excedente de generación pasaría por una mayor interconexión energética con países vecinos como Francia, que permitiría vender esa electricidad en Europa, apunta Moreno. Sin embargo, las perspectivas no son las mejores, ya que la capacidad de interconexión apenas se incrementó el año pasado de 2 GW a 4 GW, en parte por la dificultad orográfica de tender líneas de evacuación en los Pirineos, añade.

Además, Francia tampoco ha ampliado esta infraestructura ya que cree que el esfuerzo económico no compensa el posible beneficio de exportar su energía al no haber un diferencial suficientemente alto respecto al precio del mercado español, explica Heikki Willstedt, director de políticas energéticas de la AEE. Y añade una razón político-social: los pueblos del lado francés son reacios a que pasen por su territorio las interconexiones.

De cara a 2020, Bruselas exige a España que el 20% de su consumo energético final proceda de energías limpias, por lo que el Gobierno español tendrá que instalar 6.400 MW eólicos si quiere llegar a esa meta dentro de plazo. Ese objetivo responde a la transición energética que se está produciendo a escala mundial desde las fuentes de combustibles fósiles hacia las renovables para combatir el cambio climático.

Por ello, es muy posible que vuelvan a celebrarse subastas de renovables en España como la de principios de año, en la que se adjudicaron 500 MW de eólica, una energía que ahorra 2.000 millones de euros anuales en importación de combustibles fósiles, como el gas que consumen las centrales de ciclo combinado o el petróleo, según la AEE.

Un desbloqueo de la política nacional tras más de seis meses de gobierno en funciones aclararía algo el panorama de la eólica. Mientras tanto, otros pueblos españoles como Maranchón esperan que les toque su lotería particular.

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